El día que se me ‘encendió la bombilla’ y comencé a llevar una vida más sostenible, hice no sólo un cambio de hábitos, sino también un cambio interno. Mi manera de pensar, de actuar, de sentir… todo cambió.

Además, no sólo decidí cambiar mis hábitos, sino también los de mi marido, mis hijos y todo el que pisara mi casa (mientras estuvieran en ella).
E aquí la primera ‘novatada’… y es que cuando empezamos a ver todo tan claro, tendemos a ‘radicalizar’ y de repente queremos que todos nos sigan. Pareja, familiares, amigos…

Por suerte, pude ‘controlar’ a tiempo (o eso creo), mis ansias de querer cambiar el mundo de la noche a la mañana y aprovechar todo lo que he aprendido y trabajado en mí misma, los últimos 12 años de mi vida, para poder conseguir lo que quería sin morir en el intento.

Por lo que paralelamente al trabajo de llevar una vida más sostenible, hice esfuerzos también por trabajar mi interior, recordando que no sólo mi casa y mi entorno debían estar libres de basura, sino también mi corazón.

Para mí, tan importante es reducir mi basura ‘material’ como que mi corazón esté limpio y libre de juicio hacia los demás.

Los puntos que he seguido y han cambiado mi entorno

1. Porqué y para qué hago lo que hago

Para mi es muy importante tener muy claro el porqué de mis decisiones, lo que quiero conseguir con ellas y hasta donde quiero llegar. Eso me hace sentir segura, y por mi experiencia, cuando yo no tengo dudas, mi entorno respeta más mi manera de vivir y muestran interés.

2. No juzgar

A veces, cuando hacemos un cambio, empezamos a juzgar a todo el que no hace lo mismo que nosotros. Juzgar nos hace sentir frustración y desánimo y es muy fácil caer en esta costumbre. Por eso siempre intento tener presente cómo era yo antes del cambio, porque yo también tardé mucho tiempo en darme cuenta del problema que existía. Esto me ayuda a tener más paciencia, ser más tolerante, no juzgar y respetar las costumbres y el ritmo de cada uno.

Además, dentro de mi deseo de mejorar y motivar a otros a llevar un modo de vida más sostenible, reflexiono sobre mis propias limitaciones antes de juzgar los esfuerzos de los demás o imponer mis pensamientos.

Soy consciente de que hay situaciones en las que es difícil no hacerlo. La situación medio ambiental a la que nos estamos enfrentando es desesperante, pero justamente por ello, porque queremos que cada vez hayan más personas que se sumen, deberíamos hacer esfuerzos por no juzgar, porque esto generaría el efecto contrario, el rechazo.

Tengo presente que en el momento en que el sentido de una frase pasa de ser una recomendación, a una crítica destructiva o ataque, se pierde totalmente la esencia de lo que quiero promover.

3. No quejarme

Mi toma de conciencia, mi cambio y mi decisión. Esto significa que es a mí a quien le toca trabajar más, por lo menos hasta que consiga la manera más fácil para que mi entorno pueda también hacerlo sin que les suponga un esfuerzo.

Cuando comencé, pedí a mi entorno más cercano (mi marido y mi madre principalmente) que NO hicieran nada, por lo menos no al principio. Y lo pedí porque en mi mente tenía muy claro hasta donde quería llegar, y sabía que eso iba a requerir mucho tiempo y esfuerzo.

Cuando uno mismo toma conciencia de algo, tiene fuerza y voluntad de sobra para llevar a cabo lo que se ha propuesto, derribando miedos y vergüenzas y luchando por lo que quiere. Pero si pides a una persona que haga lo mismo que tú, sin entender muy bien porqué tiene que hacerlo, seguramente no llegue ni a la esquina.

En mi caso, lo que hice fue comprometerme los primeros meses a hacer yo la compra siempre.

Cambié los grandes supermercados por mercados, tiendas de barrio y a granel. Aquí ya empecé a ganar puntos porque la diferencia de calidad de la comida era abismal. Fuera procesados, congelados… y más comida casera con ingredientes de calidad.

Cuando encontré los lugares donde poder comprar sin plástico, con mis propios recipientes y donde no me ponían ninguna pega, le pedí a mi marido que me acompañase. Así conocía el lugar y a las personas que atendían. Este gesto hizo que él viera lo fácil que era comprar de una manera más sostenible, y a partir de ese entonces, él también hace la compra en los lugares que ya nos conocen. Sin plástico, sin esfuerzo y con una experiencia nueva.

Con mi madre pasó lo mismo. Cada vez que venía de visita tenía la costumbre de hacer compras, pero a partir de aquel día le dije que iría yo porque no quería plástico. Imagino el esfuerzo que tuvo que hacer la mujer para contenerse porque es que les nace…

Sin yo pedirle, mi madre empezó a acompañarme a la compra y así mismo, ella también aprendió a comprar sin plástico de manera fácil y sin esfuerzo.

Por otro lado, todas las alternativas al plástico las he buscado yo y las he ido introduciendo en casa hasta encontrar lo que nos hace sentir cómodos a todos.

Si me hubiese centrado en quejarme pensando que era la única que hacía esfuerzos y los demás no colaboraban en nada, probablemente no hubiésemos llegado hasta aquí, y me habría perdido muchas experiencias maravillosas.

4. Dar ejemplo

Seguramente esto es lo que más habrás escuchado, y de hecho, es lo más efectivo. Si queremos cambiar el mundo, empecemos por el nuestro.
El hecho de no juzgar, de respetar el ritmo de cada uno, de no olvidar cómo era yo antes y de no esperar nada de los demás, ha hecho que pueda ver cómo con el ejemplo realmente se puede llegar a las personas.

Lo he vivido con mi familia, con amigos e incluso con desconocidos.

Los que nos ven comprando con nuestras bolsas de tela, los que nos ven bebiendo de nuestra botella reutilizable, los que nos escuchan decir ‘mejor sin pajita’, o nos ven sacar nuestra servilleta de tela en el restaurante… Seguramente algunas de esas personas, hayan decidido cambiar algunos hábitos de su vida gracias al ejemplo de haber visto que otra manera de consumir es posible.

Cada vez más son los amigos y familiares que se suman con pequeños actos cotidianos. Y también cada vez más, la gente siente curiosidad y me dicen que ellos empezarán a hacer lo mismo, cuando me ven comprar con mis tuppers en el mercado o con mis bolsas de tela.

5. Compartir ideas y alternativas

Intento compartir con mi entorno más cercano, alternativas, ideas, recetas de cosmética, etc. que voy encontrando para reducir mi huella. Y si tengo la oportunidad, los obsequio con algún regalito zero waste para que lo prueben.

6. A veces hay que ceder

Este es un punto que no mola, para que nos vamos a engañar, pero a veces es necesario.

Hacernos con el poder del plástico que entra en casa y el que no, no está mal, siempre y cuando el único plástico que permitamos que entre en casa, no sea sólo de cosas nuestras. Por ejemplo, mis galletas favoritas SÍ puedo comprarlas en plástico, pero las dichosas patatas fritas de mi marido NO.

A veces habrá que ceder y seguir buscando alternativas que resulten cómodas para todos.

10. Paciencia y alegría

Y tira de paciencia, porque por el camino habrá de todo…

Pero sobretodo, lo más importante, es que cada cambio lo hagamos con alegría. Hagamos que el proceso sea divertido, compartamos anécdotas y echémosle muchas sonrisas a la vida ¡Así llegaremos lejos!

Desde que vivo en mayor armonía con el medio ambiente, soy muchísimo más feliz. Me gusta hacer gala de eso y romper el mito de que vivimos reprimidos y amargados.

Seamos un ejemplo no sólo de hábitos sostenibles sino también de personas con actitud alegre y tolerante, sin esperar nada a cambio. Esperar que los demás nos aplaudan, valoren nuestros esfuerzos y se sumen al cambio, sólo traería decepción y frustración. Por el contrario, si animamos a los demás con nuestro ejemplo sin esperar nada, cuando se sumen seremos más agradecidos y lo valoraremos más.

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Por mi parte, he cometido y sigo cometiendo errores por el camino. A veces no quiero ceder, me dan pataletas de niña pequeña, o soy inflexible en muchos casos, pero vuelvo a repasar todos los puntos anteriores, que son los que me han llevado a que las cosas funcionen mejor y a conseguir todos los objetivos que me he propuesto.

Esto no es fácil ni rápido pero sí muy satisfactorio, y sin duda siento que es uno de los mejores cambios que he hecho en mi vida.

Y tal como he dicho, las cosas hay que tomárselas con humor (aunque no tengan gracia), así que e aquí el Volumen I, porque esto es interminable, de 9 frases ‘insostenibles’ de parejas, familiares, amigos, tenderos y otros seres desconocidos. *basado en hechos reales

Y a ti, ¿qué frase ‘insostenible’ te han llegado a decir?